El efecto antiinflamatorio del dióxido de carbono ha viene siendo aprovechado en enfermedades reumáticas. Existe evidencia en trabajos de investigación de la mejoría en la reducción de la inflamación y en la calidad de vida de los pacientes tratados.
En la práctica, la reducción del dolor y la mejoría en la movilidad de las articulaciones en problemas de artritis y artrosis es evidente.